Si no te miro a los ojos, sospecha

Si no te miro a los ojos, sospecha

lunes, 27 de octubre de 2014

Cuándo los árboles mueren de pie

“El éxito tapa todo” me dijo un entrenador -viejo de un amigo y tipo que me formó y al que quiero mucho- una vez. Me dijo que a su entender al club que los dos tanto amamos no le termina de ir bien y no vuelve a la gloria que lo caracteriza por eso. Porque de vez en cuando nos va bien y somos protagonistas, y eso tapa otras tantas cosas importantes de trasfondo como lo dividido que está el club y las facciones que hay. Es simple, cuando nos va bien brindamos todos. Si lo que hay que cantar es la raka, difícil no va a ser que seamos unos cuantos. Cuando somos campeones no hay ni celestes, ni blancos y negros, sólo apasionados del CASI. La realidad, igualmente, es que estamos más acostumbrados a decir que la culpa es de este o de aquel y que el referee esto y que el rival lo otro y a escuchar puteadas en la tribuna que a festejar. Pero cuando hay que festejar, en la victoria, nos sentimos representados todos.

Ayer, domingo 26 de octubre, perdimos la final de M23 contra Alumni, un equipo jugó amarrete y que había clasificado por la ventana pidiendo permiso. A pesar de que fui a entrenar todo el año, de que entré en la semifinal y generalmente me robaba los veinte minutos finales de todos los partidos, no me tocó entrar. Fue raro; en ningún momento se me ocurrió pensar en mi, en porqué no entraba o en que había venido toda mi familia a verme en el banco (y encima perdimos…). Lo miré de afuera y no me importó. Grité tanto que se me bajaba la presión por los 35ºC que hacían. Esperé, como en tantos otros partidos del año, como en el clásico, el milagro. La remontada a puro huevos que caracterizó siempre a este equipo. No pasó: sonó el silbato y perdimos. No hay porqué mentir: lo había soñado de otra manera. Lo soñé cada noche de la semana anterior de otra manera. Había soñado tries, resultados holgados, resultados apretados, patadas finales, etc.. Siempre nos soñé ganando, siempre festejando, pero no fue. Perdimos. Y digo perdimos, porque me sentí infinitamente representado por los dos pajeros que jugaron de mi puesto y por los otros trece monguis. No hubo nada que ellos hicieron que yo hubiese hecho mejor. Me sentí identificado y representado, aun y todavía más, en la derrota.
En el vestuario hubo muchísimas lágrimas. Los sueños cuando uno empieza a ver que son posibles y, de repente, se rompen, duelen. Fue un trago amargo. Sigue siendo un nudo en la garganta mientras escribo y calculo que será nudo en la garganta toda la semana. Hay angustia en que las cosas no salgan como uno espera y eso no hay porqué disimularlo. No tiene porqué dejar de haber lágrimas.

El vestuario en el deporte es algo muy particular. Es el antes y el después. Es, por un lado, la preparación y la motivación y, por otro lado, el examen de conciencia.

Lo que no hubo en el vestuario fueron quejas. Ni quejas, ni represalias, ni puteadas, ni bardos. Ni al referee, ni a Alumni, ni muchísimo menos entre nosotros. Hubo lágrimas y silencio. Camisetas al piso y a mirarse en el espejo. Un legendario entrenador del CASI decía: “el espejo no miente”. Yo creo que los 30 –los quince que jugaron y los quince que no-, nos miramos al espejo y no buscamos culpas en ningún lado. A lo sumo alguna deuda con uno mismo, pero ningún resentimiento contra otros. En el examen de conciencia no hubo enfrentamientos con nadie más que con uno mismo, y eso es muy sano.  No nos queríamos ir del vestuario. Perder duele. Perder es una mierda. Cuando uno está sólo preparado para ganar y sólo tiene en la cabeza ganar y perdés, no sabés para donde mierda arrancar.

¿Qué más puedo decir del partido? El que nos haya visto jugar ayer o en todo el resto del año lo puede decir: nos entrena el Gallego y somos Galleguistas. Lo nuestro es jugar a la pelota. Nuestro único precepto antes de entrar a la cancha es “diviértanse y pásense la pelota”. Al rugby para jugar con poesía tenés que ser Messi y el Barça y tener todo aceitadísimo. Si no sos Messi y el Barça, un día cualquiera puede venir un equipo prolijo y mezquino y ganarte con un planteo bien amargo porque las cosas no te salieron. No está mal; dicen que así se juegan las finales. Nosotros decidimos que la final iba a ser un partido más y que íbamos a morir con la nuestra, jugando a la pelota como todo el año y al final, no nos salió. A veces pasa.

¿Qué puedo decir de mis amigos?¿Qué puedo decir de este grupo? Qué somos unos chotos, que el partido que teníamos que ganar más que ningún otro, lo perdimos. Que tiramos doscientos pases al piso y que un montón de cosas más. Que somos chotos, si, y guapos, más. Que tuvimos los huevos de saber morir con la nuestra y de no mezquinear nada. Que tuvimos, de la mano de los entrenadores, la gran inteligencia de entender que a la cancha se entra a disfrutar y a pasarla bien con amigos y a jugar a la pelota y a proponer algo lindo. No se entra a salir campeón, se entra a disfrutar. Y si salir campeón se da por añadidura: “bueno muchachos, un motivo más para festejar. Aparte de ser los que mejor la pasan, somos los mejores y tenemos una copa que lo certifica.”

Ya no más bajar a la boya a entrenar. Se termina por este año las tocatas y los handballs de los lunes, los 3 vs 3 del Larry, los obeliscos, las grullas, y las cunitas. No más cuarenta minutos de imaginario con el Gallego, ni burro ni line con Tute, ni toma de decisiones con el tucumano. No más los mismos boludos juntando las cosas para llevárselas a Pablito. No más corto corto ni más mala mía. No más nada de esas cosas increíbles. Por suerte los botines –con tres idas al zapatero- aguantaron. Hubiera preferido que sigamos teniendo la excusa de juntarnos tres veces a la semana, aunque sea a hacer algo tan de mierda como entrenar rugby (tanto con frío cómo con calor es una mierda), y que se me hagan mierda los botines con la excusa de seguir cagándome de risa con todos estos giles. En un año tan lleno de crisis y mambos como el que tuve –le voy a robar las palabras a uno que nos hizo emocionar a todos- mi equipo de rugby, mi club, fue mi alegría. Fueron mi aire y mi respiro y lo más grande que tuve. No fue un festejo lo de ayer después del partido, pero si fueron festejos el resto de los días del año. Esa boya 2 del orto nos vio pasar buenos ratos. La cancha 2 nos vio jugar increíbles partidos. La cueva hizo lo suyo también.

Un tal Hobbes escribió un libro con no sé cuantos tomos en el que mete una hipótesis central: “existe el poder político porque todos los hombres se dieron cuenta que, por más fuertes que fueran, siempre iba a llegar uno más fuerte que lo liquidara”. Gracias por iluminarnos Thomas, porque esto es así. Perder, perdemos todos. Los cuernos, los tenemos todos. Morir, morimos todos. Tarde o temprano toca. No hay ni que ponerse fatalistas, ni hace falta entristecerse tanto. No queda otra que asumirlo y dejar ir los sueños que no fueron y laburar por los que surgen. Perder, perdemos todos pero no se pierde de una sola forma. Nosotros perdimos y después de perder decidimos quedarnos toda la tarde mirándonos las jetas. Las culpas quedaron en un último plano y reservadas a la autocrítica de cada uno. Tomamos birra, hicimos un clericot y charlamos. Se acabo todo e hicimos un asado. Vimos a Boca y a River. A mi recién me llegó el trago amargo cuando estuve sólo en mi cama. Mientras tanto, durante toda la tarde, sólo pareció que éramos un grupo de amigos que se junta un sábado a castigarse un poco y a cagarse de risa.

A mis entrenadores y a mis amigos quiero decirles gracias. Por el tiempo y el esfuerzo que son lo más valioso que uno puede dar. Todos tenemos cosas que hacer y así y todo, todos priorizamos esto. También gracias por involucrarse y por vivir esto que pasó todo el año desde el corazón. Vi llorar por esto a tipos que yo creí que no tenían sentimientos. Para empezar, puedo nombrar a los tres malditos: Felisari, Picca y Arocena.

A los entrenadores, felicitarlos desde adentro. Más difícil que sacar un campeón, es armar un grupo. Más difícil que sacar un campeón, es hacer lo que hicieron. Cerrar un año con quince tipos en el banco y comprometidos, aun sabiendo la mayoría que no tiene chances de entrar, es un logro importante. Habla de calidad y de calidez humana. Más difícil que sacar un campeón es hacerle entender a treinta tipos que pueden ser buenos jugadores de rugby y que cualquiera que entre puede cumplir con el rol adentro de la cancha. Felicitaciones y gracias.

Antes de terminar quiero dejarlo bien claro, por si alguno entendió mal. Esto no es una apología de la derrota digna. No estoy queriendo decir que somos unos capos porque, aunque perdimos nos queremos mucho y lo disfrutamos un montón. Es, más bien, una invitación a pensar que la victoria no es pura y exclusivamente un título, y que el éxito no es algo que tiene que venir a tapar nada sino un agregado por añadidura de un buen laburo y un grupo que disfruta y tira para el mismo lado. Es una invitación a pensar y entender que la victoria no está siempre y necesariamente en lo inmediato. Creo yo que vale más la pena entrenar riéndose con amigos que llegar a entrenar con paja e irse con paja también, y que vale más la pena laburar por un subcampeón de un partido malo que por un campeón de partidos horribles. Festejé mucho sin saberlo, porque mucho bien me hizo esto.  Y aunque ayer perdimos yo gané a lo grande, porque, un poco, ya había ganado.

“Y ojalá esto no se termine nunca. Yo soy feliz sabiendo que esto está recién empezando. Ojalá tenga 30 y siga entrando a la cancha. Ojalá los 40 me agarren a mi jugando al squash y a mis hijos en el club tanto como yo a esa edad y aprendan a amarlo y a mamarlo. Ojalá tenga 50 y siga entrenando pendejos y dándole algo de lo que absorbí al rugby. Ojalá tenga 60 y siga en la tribuna emocionándome y diciendo que en otras épocas éramos más líricos. Ojalá tenga 70 y me siga tomando un whisky con mis amigos queridos en el pub o en billar. Y ojalá me agarre un flor de bobaso entre amigos, adentro del club, un día de verano, en la terraza de la cueva y comiendo una entraña bien grasosa y que me metan en el cajón con los restos entre los dientes y una camiseta del club.”




11 comentarios:

  1. HONRAR LA VIDA" TE FELICITOOOO!!!!Comprendiste !!!!ES LA VIDA!!! Muchos rugbyers adultos,mayores,TODAVIA .NO LO ENTENDIERON!!!!....Con tus pocos años;ha descripto maravillosamente ,sentimientos autenticos,puros y muy maduros..La gloria ,no es NO CAERSE,si no es LEVANTARSE después de las caídas!!!! me emociona saber,que el objetivo del gallego(mi marido).esta cumplido!!!!de eso se trata "HONRAR LA VIDA"

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  2. Aaaaay hermanito querido, me hiciste llorar de la emoción ☺️��
    Ganar, perder, alcanzar un sueño, la impotencia de no lograr lo que ansiamos, festejar, no saber para donde arrancar... A veces no sale, por más que algo sea lo que uno más quiere... A veces pasa..! Pero siempre se gana, siempre, cuando sabemos que dejamos todo, cuando tenemos con quién reír y con quién llorar.
    Un orgullo haberte acompañado el domingo! Estuviste en el banco pero jugaste, dejaste todo, porque la amistad es así, ponerse en el lugar del otro, reír, sufrir, comprender, compartir.
    Pasa en la cancha, pasa en la vida. Brindo porque siempre podamos ir para adelante, con coraje y convicción, y que los resultados nos encuentren de pie! Porque los árboles mueren de pie!
    Felicitaciones para todossss! Siempre para adelante! ✊��������������

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  3. Francisco,
    Muchas gracias por tus palabras voy a guardar este texto para compartirlo con mi hijo, q hoy tiene 1 y 1/2. Estuve donde vos estas, me entreno el Gallego y me llevaste a revivir con mucha alegria momentos muy felices. Abz. Mati Canzani

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  4. Felicitaciones!! No te conozco pero se ve que nos criamos en el mismo lugar, abz y segui escribiendo!!!

    Diego Harismendy

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  5. Hola Francisco, te felicito por tu relato honesto y sentido, agradezco que me haya llegado para leerlo y poder recibir tu pensamiento y hacerme recordar porqué jugamos al rugby y la suerte que tuvimos de hacerlo en el CASI. Abrazo, Gabriel Travaglini

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  6. Que bueno Nono...bien vos...puro sentimiento y corazòn. Un beso, Maque.

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  7. Bien escrito.Tiene sudor,lagrimas, barro,humor,en fin, la vida. Y encontrar un jugador que lee a Hobbes, no se da todos los dias. Tenès que seguir escribiendo, hace falta.

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  8. Saber expresar un resultado, con todo lo que eso incluye, parece sencillo: algarabía, abrazos, sonrisas con un triunfo, puteadas, arrepentimientos, excusas ente la derrota. Pero hacerlo con esos sentimientos que vienen de adentro, pensados, racionales, y escribirlos, es diferente. Difícil. Traducir los códigos en que debe sustentarse nuestro querido deporte: amistad, respeto, solidaridad, lealtad, diversión, entre otros, y el agregado de un gran amor por la camiseta, lo hace aun más complicado. Y vos lo lograste. Realmente enorgullécete porque sos un ejemplo. Grande pibe!!
    No nos conocemos porque tengo edad para ser tu abuelo, pero quiero que aceptes un abrazo grandote, el mío.
    Banana.

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  9. Grande Nono nos emocionaste a todos< que bueno que sientas todas esas cosas y las puedas trasmitir tan bien como lo haces> que orgullo de tenerte en nuestro CASI querido. abrazo grande y segui escribiendo que nos hace muy bien leerte. Carlos Mancini

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