Si no te miro a los ojos, sospecha

Si no te miro a los ojos, sospecha

viernes, 7 de agosto de 2015

¿Adónde?

El andén vacío y oscuro. Apenas dos lámparas de bajo consumo iluminando el lugar donde está el único banco. Una de las dos titila. Está sentado. No sabe si el tren va a llegar. A veces llega tarde y a veces no viene. Mayor es el riesgo siendo el último. Puede que no venga. La selección juega a las diez. Pasó a comprar un vino por las dudas, pero no sabe si lo va a compartir con alguien o si lo va a terminar tomando solo. Al banco le faltan las maderas del respaldo, y está grafiteado con marcadores indelebles. Sus amigos no se juntan; cada uno o con la novia o con la familia o con otro grupo de amigos. Hoy fue un día raro, podría haber hecho más cosas. Salió del laburo y no hizo mucho más; se le pasaron las horas. La botella de vino está apoyada en el piso de piedritas, al lado de la mochila. Hace frío. Hay viento y truenos; se está por largar. Espera que no se largue antes de que llegue. En realidad, eso es mentira, ¿Si se moja qué problema hay? Es prácticamente lo mismo. Cuando llegue a su casa seguramente no haya nadie. Bueno, nadie más que su perra claro. Nadie lo espera más que ella. Esta noche va a llover mucho. Espera llegar a tiempo para ponerle las cacerolas a las goteras. Iba a comprar queso y salame, pero hacer una picada para uno es todavía más triste. Revisó Whatsup a ver si encontraba algún llanero solitario que quiera venirse, pero no encontró, ¿Quién iba a ir a su casa con esa lluvia un miércoles? En el andén no hay ruidos, ni ningún tipo de interacción. Sólo silencio, sólo escucha. Sólo soledad. Está volviendo a su casa y no tiene adonde volver. 

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